Conocer el mundo desde las alturas
La mayoría de la gente estudia una carrera no acorde sus gustos, si no siguiendo aquellas especulaciones que la gente habla : "¿y cuando termines? Sabes que esa carrera tiene pocas salidas, ¿no?", asegurando estas con un falso tono de seguridad.
Quizás ese sea el problema; no estudiamos lo que realmente queremos ni lo que nos hará feliz, si no lo que la sociedad nos marca. Sin embargo, ese no es mi caso.
Desde pequeño me alucinaban las alturas, siempre estaba trepando, o yéndome de escalada con mi tío Héctor para ver el mundo desde otra perspectiva, desde lo más alto. Nunca abandoné los estudios, es más, era uno de los mejores de mi clase; al terminar bachillerato me concedieron matrícula de honor.
Mis profesores siempre insistían en que tenía que ser ingeniero químico (mi nota más baja en química era un 9,8 por poner mi apellido sin tilde), pero a mí estar metido en un laboratorio día tras día no me hacia feliz.
Y es que, todas mis alegrías profesionales fueron gracias a mi tío.
El 13 de noviembre, después de comer, decidí hablar con Héctor acerca de mi futuro, me dijo que me pusiera una chaqueta. Íbamos a dar una vuelta. Aparecimos en un lugar un tanto extraño, muy extenso, sin edificio alguno y con una especie de avioneta en medio,
- ¿Dónde estamos? - le pregunté.
- Después de esta experiencia tendrás claro tu futuro.
Y así fue, antes de tirarme en paracaídas sentía miles de sentimientos diferentes: nervios, emoción, incertidumbre, adrenalina... Cuando pisé el suelo tenía claro cuál será mi trabajo; ¡¡SERÉ EL MEJOR PARACAIDISTA QUE HA EXISTIDO!!
Quizás ese sea el problema; no estudiamos lo que realmente queremos ni lo que nos hará feliz, si no lo que la sociedad nos marca. Sin embargo, ese no es mi caso.
Desde pequeño me alucinaban las alturas, siempre estaba trepando, o yéndome de escalada con mi tío Héctor para ver el mundo desde otra perspectiva, desde lo más alto. Nunca abandoné los estudios, es más, era uno de los mejores de mi clase; al terminar bachillerato me concedieron matrícula de honor.
Mis profesores siempre insistían en que tenía que ser ingeniero químico (mi nota más baja en química era un 9,8 por poner mi apellido sin tilde), pero a mí estar metido en un laboratorio día tras día no me hacia feliz.
Y es que, todas mis alegrías profesionales fueron gracias a mi tío.
El 13 de noviembre, después de comer, decidí hablar con Héctor acerca de mi futuro, me dijo que me pusiera una chaqueta. Íbamos a dar una vuelta. Aparecimos en un lugar un tanto extraño, muy extenso, sin edificio alguno y con una especie de avioneta en medio,
- ¿Dónde estamos? - le pregunté.
- Después de esta experiencia tendrás claro tu futuro.
Y así fue, antes de tirarme en paracaídas sentía miles de sentimientos diferentes: nervios, emoción, incertidumbre, adrenalina... Cuando pisé el suelo tenía claro cuál será mi trabajo; ¡¡SERÉ EL MEJOR PARACAIDISTA QUE HA EXISTIDO!!
Comentarios
Publicar un comentario